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  • Miguel Angel Cardona

Hábitos de liderazgo: Reconocer

¿Cuál es la forma más sencilla de elevar a alguien? Autores como Ken Blanchard han hablado del poder del reconocimiento desde hace muchos años. Incluso hay una frase del autor que me quedó grabada: "Busquemos oportunidades para sorprender a nuestra gente haciendo las cosas bien". Es una realidad que como en cualquier hábito, lo que se refuerza se fija en el tiempo y en la conducta. Aquellas conductas que queremos ver de forma frecuente son las que debemos impulsar.

Afortunadamente el menú de reconocimiento que existe hoy es más diverso que nunca tanto en tipos como en la forma de entregarlos. Ya sea desde un acercamiento casual en la oficina o una insignia digital; los líderes podemos elegir en función del grado de relacionamiento que tengamos con el colaborador. Este aspecto es muy importante porque cada uno de nosotros respondemos más a estímulos determinados. Por ello a mí me gusta recomendar a las empresas con las que he charlado en estos meses un libro: Los cinco lenguajes del amor de Gary Chapman. Aunque esta obra está pensada para relaciones personales; sus principios son trasladables a la empresa.

Podemos reconocer con palabras de aliento, con tiempo de calidad o con regalos. A estas alternativas se puede agregar también actos de servicio y cercanía física. En la medida que conocemos a nuestro personal y también por la naturaleza de nuestra labor, podemos determinar el mejor reconocimiento a aplicar. Y de ahí viene el reto de establecer la frecuencia y el canal de reconocimiento. Aquí, he aprendido algunas reglas muy sencillas:

  • Siempre añade un toque personal; una dedicatoria o recordatorio de la contribución individual de la persona.

  • Siempre se oportuno; reconoce en el momento más cercano posible al evento que da origen a este gesto.

  • Reconoce no solo por los resultados, sino también por las acciones que acumulan un grado de progreso. De esa forma alimentamos la confianza en la evolución y aprendizaje del colaborador.

  • Reconoce los valores vividos de cara al cliente interno y externo; porque los comportamientos que definan la identidad de tu empresa son los propulsores de tu cultura.

Si hacemos del reconocimiento una herramienta de uso frecuente, estaremos creando un ambiente de trabajo estimulante y de valoración constante entre todo el personal. Estaremos creando así un entorno de meritocracia que estimulará la competitividad además de los mejores comportamientos éticos de un equipo.

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