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Los límites de la memoria

  • Miguel Angel Cardona
  • 6 sept
  • 2 Min. de lectura

Me inspiró mucho una cita de Paulo Coelho: "Dios fue generoso conmigo porque me dio memoria. Él sabía que en el invierno, yo siempre podría recordar la primavera y sonreir".

 

Detrás de esta idea hay una reflexión poderosa para ser dueños, mejor aún, maestros de nuestros pensamientos:

La memoria sirve para alimentar el alma. Podemos recuperarnos de un mal momento al recordar logros pasados.

Podemos recuperar la esperanza y el ánimo ante las pruebas al tener en nuestra mente nuestro propósito y a los que dedicamos nuestras acciones. Ahí la memoria se vuelve un depósito, un ancla de la que podemos tomar fortaleza para avanzar de nuevo.

 

La memoria sirve igualmente para aprender y crecer gracias a las lecciones. La humildad y disciplina de revisar nuestro desempeño nos permite generar nuestra evolución a partir de cada evento. Estos dos usos son grandes palancas de construcción de carácter y capacidades.

 

Para lo que no debe servir la memoria es para culpar a otros o a nosotros mismos. Eso envenena relaciones y anula conexiones clave para avanzar en la vida. Creo que cuando decían que hay que tener "buen corazón y mala memoria" se referían precisamente a este punto. Tenemos que ver por la necesidad de conectar con otros para que podamos dejar atrás malos momentos. De la misma manera, la memoria no debe servir para atormentarnos o frenar nuestros objetivos. El anclarnos en miedos para justificar nuestra inacción nos hará perder un tiempo estratégico.

 

Elijamos siempre tener a nuestra memoria y su rica base de recuerdos como un aliado y una referencia, en vez de un cúmulo de voces que traigan caos y freno a nuestra mejor versión.

 

Cadena de escritura 847 / 1,073

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