Hábitos de liderazgo: Marcar logros
- Miguel Angel Cardona
- hace 2 minutos
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Todos necesitamos una medida sencilla para saber que estamos haciendo lo que se necesita.
Una de las formas más sencillas sin duda es una lista de tareas para el día, o mejor aún para un segmento más corto de horas. De esa manera podemos enfocarnos más fácilmente al saber que solo tenemos pocas actividades en las que nos concentraremos sin distracciones.
La mayor magia ocurre cuando marcamos como concluida una de nuestras actividades. Como señala la profesora Teresa Amabile, autora de El principio del progreso, hasta las pequeñas victorias tienen un efecto clave en nuestro estado de ánimo y productividad.
Por eso me gustó mucho una idea de Oliver Burkeman, autor de Cuatro mil semanas: Gestión de tiempo para mortales. Siempre podemos tener una lista de tareas abierta a la que irán todos los pendientes que se sumen a nuestro día. Pero de ahí, moveremos un máximo de 10 actividades a una lista cerrada. Y no añadiremos más hasta que vayamos completando tareas. Ver esas 10 tareas completadas en unas horas alimenta confianza y crea una inercia para lograr más.
¿Cómo aplico esto? En Onenote acostumbro ir llenando checklists con tareas clave que se que deben ocurrir cada jornada. El hacerlos y marcar su conclusión me da seguridad que no olvido algo importante. Así, me puedo concentrar después de mi lista de verificación de la mañana en una ventana de tiempo enfocado por algunas horas. En la tarde repito la dosis antes de cerrar el día. Y también acostumbro dividir los proyectos en tareas derivadas para ir acumulando logros por medio de mi lista.
Un día satisfactorio no solamente debe ser un día en el que hicimos muchas cosas. Al revisar nuestra lista de logros completados, podemos ver si hicimos aquello que generaba más impacto a corto plazo. Y si dedicamos tiempo y energía a actividades no tan estratégicas, el haberlas documentado nos dará consciencia para reenfocarnos mejor al día siguiente.
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Imagen de Philip Neumann en Pixabay



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