¿Decisiones veloces o pausadas?
- Miguel Angel Cardona
- 7 sept
- 1 Min. de lectura
A veces pensamos que el líder más veloz para adoptar una postura y avanzar es el mejor.
Asociamos la velocidad y fuerza de la decisión con carácter y visión.
Pero recordemos que la forma de ejecutar la decisión no garantiza su efectividad.
La velocidad de decisión puede ir acompañada de impulsos o análisis parciales.
Si esto es así, asumiremos un serio peligro de no haber contemplado más opciones.
Y las decisiones apresuradas y con poca perspectiva pueden llevar a caros reprocesos.
En una situación de crisis debe privar la velocidad, sin duda alguna, pero la velocidad nacida de la preparación y el entendimiento de lo que puede pasar en una crisis.
Una buena decisión siempre debe tener un componente reflexivo.
Siempre debe considerar los efectos de onda, no solo en los involucrados directos sino más allá.
Siempre debe considerar las consecuencias inmediatas y las ramificaciones que vendrán.
Una decisión con una pausa, así sea muy breve, permite una mayor consciencia situacional para guiarnos y con ello liderar mejor a quienes nos acompañan.
Por eso, en todo momento debemos ser conscientes del poder de una decisión meditada de forma estratégica.
La reflexión no será indecisión si permite elegir un camino con más conocimiento para aprovechar mejor lo que nos ofrece.
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