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  • Miguel Angel Cardona

Ve más allá del fruto

Esta semana pude presenciar una ceremonia de reconocimiento al mérito académico.

La excelencia que hoy se reconoce podría verse solamente como un resultado numérico; como el cumplimiento de un indicador.


Pero quedarnos en esta perspectiva nos robaría la oportunidad de ver el camino que lleva a ese fruto que todos deseamos.


La excelencia de un niño en lo académico o de un trabajador en lo profesional normalmente viene de raíces fuertes. En estas raíces podemos detectar los valores que definen a la persona o incluso las lecciones de su familia. El rol de los padres como influencia de buenos o malos hábitos es fundamental en muchos sentidos. Como padres debemos ser conscientes del peso de nuestras decisiones en nuestros hijos para su presente y futuro. Como hijos, conforme ganamos madurez, debemos elegir de forma intencional aquellas conductas que abonan o no a nuestra identidad y de esa forma ir construyendo nuestro proyecto de vida.


Otro elemento clave en el camino a la excelencia son los sistemas que hemos creado para facilitarnos un mejor desempeño. Y por sistemas me refiero a hábitos para cuidarnos en todas las esferas de nuestra vida. Si tengo hábitos multiplicadores que fortalezcan mis conocimientos y capacidades será más fácil alcanzar niveles de excelencia en mi desempeño. Para saber si tengo o no esas conductas debidamente arraigadas debo evaluarme constantemente e incluso enfrentarme a la retroalimentación de otras personas relevantes en mi vida.


Si queremos mantener o mejorar nuestros resultados, como los que ayer vi celebrar a alumnos y familias, debemos trabajar siempre en los fundamentos de dichos resultados. Entre más trabajemos en la identidad y los procesos que nos lleven a ese objetivo, mejor será el fruto y más perdurable su presencia de forma recurrente.


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