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  • Miguel Angel Cardona

Intenciones en la comunicación

Antes de estructuras cualquier mensaje debemos dar un paso atrás.

Si queremos ser efectivos debemos preguntarnos primero lo que queremos lograr con nuestra presentación.


¿Queremos informar? ¿Queremos inspirar y dejar una reflexión en la audiencia? ¿Queremos convocar a la acción?


Dependiendo del camino que elijamos habrá de construirse la duración, los contenidos, el tono y el volumen de dicho mensaje. Los mensajes más inspiradores no necesariamente han sido muy largos. El discurso de Gettysburg del presidente Abraham Lincoln fue pronunciado en menos de 5 minutos. El discurso I have a dream de Martin Luther King tomó 17 minutos. Estas dos piezas forman parte de algunos de los mensajes más inspiradores en la historia humana.


Nuestros mensajes dependiendo de su intención pueden ser más precisos o reforzados con ejemplos. I have a dream está plagado de ejemplos expresados como imágenes de historias futuras que hacian más vibrante el mensaje. Si nuestro fin es informativo y sobre todo persuasivo, necesitamos hechos y respaldos históricos de diferentes fuentes. Nuestro tono será evidentemente más formal y podremos extendernos para hacer una secuencia lógica de eventos.


De la misma forma, el definir claramente nuestra intención nos permitirá elegir mejor los apoyos visuales que utilizaremos, las dinámicas que nos permitan interactuar con la audiencia e incluso también nuestro atuendo. Por eso este elemento en nuestra planeación de presentaciones es vital, si queremos maximizar nuestro impacto.


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