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  • Miguel Angel Cardona

Flexibilidad como ventaja estratégica

Lo flexible sobrevive a las crisis.

En el caso más extremo es lo primero que se recupera de las mismas gracias a su recursividad.

La flexibilidad siempre me recuerda a Ismael Cala, comunicador y experto en liderazgo. En uno de sus libros habla del bambú como la metáfora máxima de flexibilidad y resiliencia.

Si nuestras raíces están bien ancladas en la profundidad de nuestros valores y capacidades podremos adaptarnos a entornos tormentosos. Igualmente podremos aprovechar hasta la última gota de recursos disponibles para la sobrevivencia de nuestra empresa o equipo.

Ser flexibles implica también tener un espacio vacío disponible de forma permanente. El bambú tiene esa cualidad que nos puede recordar la apertura necesaria para aprender; para reinventarnos. Esa cavidad nos permitirá también que nuestra mente y nuestro cuerpo tengan capacidad de maniobra ante las circunstancias.

De esta forma, la flexibilidad nos ayudará a florecer en diferentes contextos.

Haremos mejor uso de nuestra energía y recursos para concentrarlos en lo más valioso que construya nuestras fortalezas para enfrentar pruebas.

Lo flexible nos invita a evitar la rigidez de nuestras ideas preconcebidas. Nos invita a entender que siempre podemos preguntarnos ¿Qué pasaría si…? Provocando que nuestra mente abra nuevos caminos.

Lo flexible nos invita como personas y como equipos a no aferrarnos a lo que no está en nuestro control o a lo que está en el pasado. Nos invita a abrazar las lecciones para aprovechar las oportunidades emergentes al tiempo que dejamos cargas que ya no nos sirven para seguir evolucionando.

Sin duda, la flexibilidad no solo es un valor sino una herramienta clave para el crecimiento individual y organizacional que podemos promover de forma constante.

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Imagen de Pexels en Pixabay


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